Despedida loca en el manicomio

¿Una loca fiesta de adolescentes en pijama? ¡No! No os caigáis de vuestros asientos. Hoy os contamos acerca de una auténtica fiesta loca, porque toda acción va a suceder en un manicomio real. ¿Estáis preparados para salvajes experimentos? ¡Adelante!

“¡Mi querido amigo! La cordura es un fastidio terrible. Todo el mundo debería estar un poco loco… deliciosamente loco… entonces es cuando se ve la vida desde un ángulo nuevo y fascinante” (decía Ellworthy, el personaje de Agatha Christie).

Para empezar convertiremos el local en un manicomio. Quitamos las cortinas y las sustituimos por unas mosquiteras de plástico. Y cualquier detalle decorativo lo tapamos con sábanas blancas. ¿Qué más tenéis? Lámparas, las tapamos también con sábanas o incluso las desmontamos dejando sólo las bombillas en el cable. ¡Et voilà! nuestro manicomio listo para recibir a los huéspedes, es decir, a los pacientes.

A propósito, a los huéspedes, a nuestros amigos enfermos mentales les compramos pijamas como uniforme. Los pijamas de telas floreadas los dejamos para las despedidas de soltera para pijas. Nosotros tenemos el crudo mundo de los locos. Todos deben estar vestidos de igual manera y destacar por su inteligencia… locura. Así que antes de la fiesta hace falta conseguir verdaderos pijamas de locos con largas mangas (ya sabéis, camisas de fuerza).

Pues si vais por la ropa, de paso no olvidéis comprar los vasitos de plástico para los medicamentos, porque, como puede haber bebidas alcohólicas en un hospital? Sólo preparados médicos. Si queréis cerveza  u otras bebidas, deberán dosificarse con los vasos de plástico según el horario establecido por la prospección del médico.
Por supuesto, en nuestra despedida decoraremos otros pequeños detalles: bandejas de aluminio o plástico y algunos artículos de broma para despedidas.

La mesa

Ningunas tartas ni delicias, bandejas de manicomio. Ahí ponemos comida rápida, como hamburguesas, nuggets, patatas fritas. Si tenéis tiempo podéis preparar unos platos más “exóticos” como los de la foto. En el centro poned un bote con chuches y pegar una etiqueta con el nombre de terribles enfermedades mentales.

Juegos

1. Trastorno megalomaníaco.
Lo primero vamos a hacer terapia de grupo. A cada uno le pegamos en la frente una etiqueta con el nombre de la persona que él cree ser: Napoleón, Juana la loca, espía, Carlos III, etc. Y nos colocamos en círculo. Charlamos, y cada uno debe preguntar a los demás características de su personaje para adivinar de quién se trata. Y periódicamente tomamos nuestro “vasito de medicina”. Para conseguir un efecto más cómicos destinaremos a uno de los amigos como psiquiatra director de la terapia.

2. Alguien voló sobre el nido del cuco.
Las reglas del juego son sencillas. Hay cartas para cada uno y un cabecilla. Sólo en 2 cartas se pone “CELADOR”, y en el resto “LOCO”. Cada uno toma la carta de su destino y la mantiene bocabajo frente a sí. Está prohibido para el resto investigarla. Cada uno deberá adoptar su rol: o “benigno loco” o “malvado celador”. Cuando el cabecilla anuncia: “Ha empezado la noche”, todos cierran los ojos y están así 2 ó 3 minutos (hasta que el cabecilla diga: “¡Ya ha amanecido!”). En este momento los celadores levantan sus cabezas y sin ruido, lo más silenciosamente posible, a quien de los locos llevarán mañana para lobotomizarle. Y después bajan las cabezas y cierran los ojos como el resto de “locos”. La cabecilla anuncia: “¡Ya ha amanecido!”. Todos levantan sus cabezas y el cabecilla anuncia a todos quien quedará como un vegetal. Este desgraciado debe sacar la lengua, poner mirada perdida, y no hablar más durante el juego.
Ahora viene la parte más interesante del juego. Los locos tienen que adivinar quiénes son sus verdugos. Eso se hace charlando vivamente donde cada jugador tiene que demostrar que él no es un malvado celador infiltrado, sino un loco como los demás.
¿Queréis adivinar nada más comenzar el juego quién es “celador”? Delante de cada uno está puesta su carta bocabajo. Aunque está prohibido levantar la carta de otro jugador, haz el gesto de ir a levantarla pero sin llegar a tocarla, el “celador” instintivamente intentará impedírtelo, desvelando así su auténtica identidad.
Bien, continuemos con el juego. Los “locos” deben nombrar a dos candidatos y votar a quien eliminar. A la candidatura con más votos se le pone una bolsa en la cabeza que significa que los “locos” lo han cogido y le han hecho una novatada cruel.
Después el cabecilla enseña a todos su carta, ¿acertaron o no? No importa quien fuese el jugador, bondadoso loco o malvado celador, ya no participará más en el juego. Queda eliminado, está en aislamiento y escayolado.
El juego continúa hasta que una de las facciones quede exterminada por completo.
Los más sabios ya habréis entendido que es una adaptación del juego de “La Mafia”. También podéis adaptar el juego de “policía y asesino” a este entorno, donde uno de los locos será un policía infiltrado.

Ambiente de la fiesta

“Permítanme continuar tranquilamente con mi trabajo. Si ésta es la obra de un loco, ¿y qué?, tanto peor. Todavía no puedo hacer nada al respecto.” (Van Gogh)
Nos falta crear el ambiente auténtico de la fiesta. Para eso hacemos una caja y ponemos en su interior los deberes de los locos, como por ejemplo: abrazar a alguien y bailar, enseñar lo bien que ha moldeado sus glúteos en el gimnasio, besar al novio en el ombligo, etc.
Cada uno coge los deberes al principio de la fiesta o al final. Cada cual que decida.

Regalos de despedida para el novio o novia

El regalo tiene que coincidir con la temática, ninguna ropa interior ni nada de eso. Vamos a preparar lo siguiente.

1. Frases sabias.
Poned en un álbum vuestros mejores consejos locos para los novios. Escribid durante la fiesta todo lo que os parezca gracioso relacionado con la temática de la despedida, por ejemplo, no guardéis bombones dentro de los zapatos, etc.

2. Por la mañana soy guapa, guapísima. 
Esta idea es más apropiada imposible como regalo. Haced fotos nada más levantarse a todos los amigos, incluidos novio y novia, sin peinarse ni lavarse.
Así que el regalo está preparado. Es un poco raro, pero ¿quién ha dicho que lo inolvidable siempre es bello?

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